
La semana pasada estuvo marcada por la escalada del conflicto en Medio Oriente, que mantuvo la atención de los inversionistas debido a sus potenciales implicancias sobre los precios de la energía y el apetito por riesgo global. En paralelo, se conoció un conjunto de cifras macroeconómicas relevantes en las principales economías desarrolladas, las que continuaron entregando señales respecto de la evolución de la actividad e inflación, contribuyendo a la generación de expectativas sobre la trayectoria esperada para la política monetaria. Asimismo, comenzó la temporada de resultados corporativos del segundo trimestre en Estados Unidos, instancia clave para evaluar la solidez de las utilidades empresariales y las perspectivas de las compañías en un entorno aún marcado por la incertidumbre económica y geopolítica.
En Medio Oriente, persisten las tensiones entre Estados Unidos e Irán, dinámica que se ha mantenido durante las últimas semanas y que continúa generando incertidumbre respecto de la estabilidad regional. Durante la semana pasada se registraron nuevos ataques y represalias entre ambas partes, debilitando aún más el acuerdo alcanzado previamente y reduciendo las perspectivas de una pronta reanudación de las negociaciones. Paralelamente, Estados Unidos reforzó la presión económica sobre Irán mediante la imposición de nuevas sanciones a personas, empresas y embarcaciones vinculadas a una red de transporte marítimo que, según las autoridades estadounidenses, desempeña un papel relevante en las exportaciones de petróleo iraní y en la evasión de las restricciones vigentes.
Asimismo, persistieron las inquietudes en torno al estrecho de Ormuz, ruta estratégica para el comercio mundial de energía, luego de nuevos incidentes que afectaron a embarcaciones comerciales y elevaron los riesgos para la navegación. Las diferencias entre ambos países respecto de las condiciones de tránsito por esta vía, junto con las restricciones impuestas a la actividad portuaria iraní, volvieron a limitar el flujo marítimo y aumentaron la preocupación por eventuales alteraciones en el suministro global de petróleo. En este contexto, el precio del petróleo registró avances durante la semana pasada, mientras los inversionistas continuaron monitoreando la evolución del conflicto y sus posibles implicancias sobre los costos de la energía, la trayectoria de la inflación y las perspectivas de crecimiento de la economía mundial.
La atención de los mercados se centró la semana pasada en la publicación de los índices de precios al consumidor (IPC) y al productor (IPP) de Estados Unidos correspondientes a junio, así como sus potenciales implicancias para la política monetaria llevada por la Reserva Federal. Ambas cifras sorprendieron favorablemente al ubicarse por debajo de las expectativas del consenso.
En particular, el IPC total registró una variación mensual de -0,4%, mientras que la inflación subyacente, que excluye componentes más volátiles como alimentos y energía, se mantuvo sin cambios durante el período. En términos anuales, la inflación total se moderó hasta 3,5%, desde el 4,2% registrado en mayo, mientras que la inflación subyacente descendió a 2,6%, desde 2,9%.
Por su parte, el IPP cayó 0,3% mensual, muy por debajo de lo esperado por el mercado, lo que contribuyó a moderar su variación anual hasta 5,5%. En tanto, el componente subyacente aumentó 0,2% mensual, levemente por debajo del 0,3% anticipado, mientras que la variación anual alcanzó 4,7%.
Si bien será necesario seguir monitoreando la evolución de los próximos datos para confirmar una tendencia sostenida de desaceleración inflacionaria, los datos conocidos durante la semana pasada refuerzan la percepción de menores presiones de precios en la economía estadounidense. No obstante, el mercado continúa anticipando un incremento de 25 puntos base en la tasa de política monetaria durante lo que resta del año, asignando una probabilidad cercana al 70% a que dicho ajuste se materialice en la reunión de septiembre.
La temporada de resultados del segundo trimestre en Estados Unidos comenzó con un balance positivo. Los principales bancos superaron las expectativas, gracias al dinamismo de la banca de inversión, mientras que, en el sector tecnológico, TSMC reportó cifras superiores a lo previsto y perspectivas que reafirmaron la fortaleza de la demanda por semiconductores avanzados vinculados a la inteligencia artificial. No obstante, el aumento de su plan de inversión generó inquietud respecto de los costos y márgenes futuros, afectando al sector tecnológico y de semiconductores. Por su parte, Netflix publicó resultados en línea con lo esperado, aunque una guía más débil para el próximo trimestre provocó una reacción negativa del mercado.
En cuanto al avance de la temporada de resultados, al cierre de la semana pasada 113 de las 3.110 empresas bajo cobertura habían reportado sus resultados correspondientes al segundo trimestre. Respecto de ingresos por ventas, y en comparación con el mismo trimestre del año pasado, se tuvo un crecimiento del 15,9%, llegando hasta un 52,4% en relación con la utilidad neta. Por su parte, y comparado con las expectativas previas que mantenía el mercado, en términos de ingresos por venta los resultados efectivos son un 4,3% superiores a lo proyectado, mientras que, a nivel de utilidades netas, la cifra se elevó hasta 16,5%.

1) Los PMI, o Índice de Gestores de Compras (por su sigla en inglés: Purchasing Managers Index), son indicadores que muestran cómo le está yendo a una economía o a un sector en particular, como la manufactura o los servicios. Cuando el PMI está por encima de 50, significa que el sector está creciendo; cuando está por debajo de 50, indica que está en contracción. Los PMI son útiles porque permiten anticipar cómo le podría ir a una economía en el futuro, ya que reflejan las decisiones y la confianza de los gerentes de compras en sus negocios.